Coloso caliente: Newells perdió por incapacidad y un arbitraje perjudicial

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Por José Odisio 

Newell’s perdió con Barracas 2 a 1 en el Coloso. El equipo de Fabbiani estaba en ventaja, pero hizo mérito para que el rival reaccionara. Pero cualquier intento de análisis futbolístico queda opacado o desvirtuado por el arbitraje tendencioso de Hernán Mastrángelo, secundado por Pablo Dóvalo en el VAR.

Enfrentar a Barracas supone de antemano la posibilidad de favores arbitrales. Sucede con más habitualidad de lo lógico, pero eso no parece sonrojar a Chiqui Tapia, el presidente de AFA y del Guapo, y mucho menos a los árbitros, que son cómplices directos de una situación que es difícil de no mencionar como delictiva.

Newell’s jugó mal. Sintió el clima hostil de los hinchas, enojados por otra derrota en el Clásico. Ni siquiera supo cómo manejar una ventaja tempranera por el gol de cabeza de Cocoliso González. Barracas lo empató antes del cierre del primer tiempo, porque todos durmieron en una acción donde la defensa hizo vista y un desvío en Noguera tras remate de Bruera descolocó a Espínola.

La Lepra abrió la puerta y Mastrángelo tuvo su show, con la complicidad del VAR, donde el siempre cuestionado Dóvalo hizo su tarea. El árbitro había condicionado a Newell’s, amonestando a casa jugador que cometía una falta o protestaba demás. Y encontró en una mano casual y de rebote de Sosa la excusa perfecta para darle un penal a Barracas para que Iván Tapia -el hijo de Chiqui- se diera el gusto de anotar.

Después de eso, con media hora por delante, los jugadores leprosos se desencajaron y el descontrol fue total. Y Mastrángelo continúo con su faena, permitiendo que los jugadores visitantes cometieran faltas sin amonestar, y otras veces sin siquiera cobrarlas, dejando que el arquero hiciera tiempo, y frenando los ataques desordenados de la Lepra con posiciones prohibidas que, por reglamento, debía dejar continuar.

Mastrángelo hizo lo suyo sin sonrojarse y Barracas está en zona de Sudamericana, pero Fabbiani y los jugadores también deben hacer un mes culpa.

Benedetto estuvo en cancha apenas 45 minutos y casi no participó. Su presencia, el esquema con cinco defensores, la salida de Martino y la lesión de Herrera dejaron a Newell’s sin ataque externo, salvó corajeadas a puro corazón de Montero o un ingreso interesante de Orozco.

Banega siempre buscó jugar, a pesar de los cuestionamientos de la gente, y fue el gestor del gol leproso tras perfecto centro a Cocoliso. Pero Maroni quedó mal tras el Clásico y volvió a ser el lagunero de otros tiempos, y Newell’s no tuvo profundidad.

Un error defensivo, un penal inventado, un arbitraje perjudicial, la incapacidad del Ogro para modificar algo y un banco de relevos de poco vuelo fue el combo perfecto para una derrota que profundiza la crisis generada por perder el Clásico. Y el partido de Copa Argentina parece ser la única salvación. Será pasar, o el abismo.

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